Posted by María Infinita Serrano
[Este texto es una traducción del post “Why Read Infinite Jest”, publicado en el blog Infinite Summer el 11 de junio de 2009.]
Matt Bucher es el administrador de Wallace-I, la lista de correo sobre David Foster Wallace. Fue editor del libro Elegant Complexity: A Study of David Foster Wallace’s Infinite Jest, escrito por Greg Carlisle. Trabaja como editor en Pearson, tiene un weblogcentrado en Roberto Bolaño, especialmente en su novela 2666, y ha leído Infinite Jest por lo menos tres veces.
La primera vez que vi el libro fue en el escaparate de la vieja librería Tattered Cover de Cherry Creek, en Denver. Estaba en segundo de carrera y uno de mis profesores nos había puesto como lectura algunos extractos de la Norton Anthology of Postmodern American Fiction. Uno de ellos era “Lyndon”, de David Foster Wallace. La historia no me dejó superimpresionado, pero el nombre del autor se me quedó. Y cuando lo vi de nuevo en Infinite Jest, impreso en esas letras negras alargadas sobre el fondo de nubes, inmediatamente me llamó la atención.

Me gustaron el título y el grueso tocho de hojas, pero costaba unos 30 dólares y yo era entonces un cazador de gangas. En otoño de 1997 salió la edición en rústica y casi inmediatamente una torre de ejemplares se materializó en la sección de ofertas de Tattered Cover, a 8,99 dólares cada uno. Estaban apilados formando un cuadrado grande, de un metro o metro y medio de altura. Cada uno de los libros un ladrillo de la torre, junto a las cajas. ¿Cómo podría resistirme?
Mi primer intento de leer el libro se extinguió más o menos hacia la página 300. Las clases se interpusieron en mi camino. Y, aun así, entonces ya sabía que La Broma Infinita iba a convertirse en mi libro favorito. Nunca había sentido una conexión tan fuerte con otras 300 páginas. Me pasé gran parte de las vacaciones de Navidad de 1997 en la cama con la novela, saboreándola o intentando desbrozar un camino a través de ella alternativamente. Recuerdo haberme saltado algunos pasajes y haber releído otros obsesivamente.
La primera tirada que salió en rústica se hizo en realidad retapando ejemplares que originalmente habían estado encuadernados en tapa dura, por eso son 2 o 3 cm más grandes que los de las reimpresiones posteriores. Desde que adquirí aquella edición, aun he comprado otros 10 ejemplares distintos del libro (bien por puro coleccionismo o bien para prestarlos) pero, hasta hoy, esa primera edición en rústica sigue siendo mi copia de lectura. En la época anterior al Search Inside! de Amazon y a los PDF-samizdat con hipervínculos, tenías que pasar cada página para buscar todas las veces que aparecía la palabra “luna” o que se mencionaba a un prorector específico. Esta era una tarea laboriosa y tediosa, pero deshilar el tejido de una obra de arte nunca me había parecido tan gratificante. Hace tanto como 11 o 12 años podías andar buscando una conversación profunda sobre LBI y encontrarla ya online. La lista Wallace-l y los primeros foros de Howling Fantods fueron para mí un oasis en el que podía ondear con orgullo mi bandera nerd y dedicarme a explorar cada pequeño detalle del libro.
Una de las primeras cosas que comprendí del libro es que no hay ninguna llave mágica para desvelar sus secretos. Muchas de sus inexactitudes y de sus misterios no están ahí para ser “resueltos” en un sentido tradicional. Es divertido debatir sobre algunas de las cuestiones fundamentales de la novela, pero no existen respuestas definitivas. Incluso si llegara el mismo DFW y dijera “Esto es lo que pasó de verdad…” podrías refutar su afirmación echando mano de argumentos sólidos extraídos del mismo libro.
En las relecturas posteriores, andaba yo en la veintena, el personaje con el que más identificado me sentía era el de Hal, más joven. Pero ahora, en la treintena, me encuentro más interesado en el personaje de Gately, más mayor, que se esfuerza por ser un adulto responsable y sobrio. Intentar comprender a estos personajes ha ocupado buena parte de mi energía mental durante la última década. De alguna forma, aún me parece vital entender qué les pasa, qué les motiva, por qué hacen las elecciones que hacen. Lo mismo podría decirse de Hamlet, Otelo o Lady Macbeth: fuera de la belleza del lenguaje, ¿por qué perduran estos personajes? Te animo a que lo descubras por ti mismo.
Pero lo que hace que la gente siga volviendo una y otra vez a este libro, lo que les mantiene enganchados durante sus más de mil páginas no son los misterios de las subtramas, sino la emoción descarnada de cada página, las emociones honestas, desnudas. Un tema persistente en la novela es la lucha por conectar sinceramente con el mundo. En el proceso de describir esta lucha, Wallace termina construyendo a su vez una conexión, una relación de confianza con el lector. Por supuesto, esta conexión hizo que sus lectores, incluidos los aquí presentes, sintiéramos la muerte de Wallace de una manera mucho más cruda y punzante.
La Broma Infinita es el libro que me llevaría a una isla desierta, un libro del que sé que nunca podré extraer todo el placer que contiene aunque lo exprimiera durante un siglo. Haré caso omiso de los censores y confesaré que estoy feliz de haber encontrado esta cosa que instruye, que entretiene, que ama.
Ainhoa Infinita
4 de julio de 2012
La primera (y penúltima) vez que intenté leer la Broma infinita fue porque vi el tocho libro en la biblioteca de Lesseps y me acababa de mudar a una casa con jardín en la calle Saragossa (Sarrià-Sant Gervasi-Gràcia) y me parecía una buena forma de usar el jardín.
Miguel Ángel Serna (@maserna)
4 de julio de 2012
Yo encontré el otro día, guardado en mi copia de “El Canon Occidental” de Harold Bloom, un recorte de periódico de allá por 2001. Está sacado de Babelia y es un recuadro de un artículo que le dedicaron a la nueva narrativa americana. Vienen entre bastantes otros Easton Ellis, McInerney, Franzen, Eugenides, Moody, Palahniuk (puej), Chabon y, claro: DFW. Señalé algunos que me habían llamado la atención durante el artículo, y el que señalé con mayor énfasis fue DFW. Lo hice porque me gustaron muchísimo los títulos de los libros, sobre todo “Entrevistas breves con hombres repulsivos”, “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer” y “La broma infinita”.
De IJ decían en el artículo que era una barbaridad estupenda, pero en esa época no había un dios que la encontrase en castellano —de hecho, yo solamente la llegué a ver en una ocasión, pero no llevaba dinero para comprarla, cosa de la que ahora me alegro—. Por eso, acabé comprando las horrendas ediciones de bolsillo que hacía, valga la redundancia, Debolsillo en aquella época: ya sabéis, las del “21″ en la portada, con la tipografía apretujada y la encuadernación mierdera. Leí “La niña del pelo raro” y me gustó, leí “Algo supuestamente divertido” y me gustó mucho, pero no estaba preparado para “Entrevistas Breves”, que me voló la cabeza y me sigue pareciendo a día de hoy un volumen de cuentos a la altura de Cortázar, Cheever, Carver o, incluso, BORGES. Me gustó tantísimo que decidí leerlo en inglés y entonces me di cuenta de cuantísimo mejoraba DFW en inglés.
Fue entonces cuando me dije que tenía que leer IJ, y que la quería leer sin intermediarios de traducción. En aquella época lo de comprar libros en Amazon no lo tenía yo muy por la mano (mi edición de IJ es de 2003, creo: no tengo ni el prefacio de Eggers, con lo que mola), así que la encargué en una librería especializada. Y, desde entonces, cinco o seis veces la he empezado. Siempre me ha gustado mucho —recuerdo cómo me reí la primera vez que llegué al momento en que Hal contesta a los entrevistadores de la universidad, o cuánto me impresionó lo de los tuppers invertidos del baño de Orin—, pero, de alguna manera, siempre ha habido algo en ella que no me ha llegado a conducir a la pasión total. Nunca consigo que me guste más que “Entrevistas breves”, que sigue siendo, en mi opinión, lo mejor que he leído de DFW: creo que aprendió muchísimo de IJ y supo llevarlo al siguiente nivel en Entrevistas.
Y por eso la leo: quiero cambiar de opinión.
lenorebeadsman
5 de julio de 2012
Por placer
tymoraa
13 de julio de 2012
¿Por qué leerlo? porque es la única manera de descubrir la verdadera mágia de las palabras, por poder experimentar una fuerte conexión con un libro, con un autor, con la vida de un autor, con la vida de los personajes que describe, ……………….
Pero también cabe preguntarse… ¿por qué no leerlo? porque tengo intención de leer muchisimos libros más a lo largo de mi vida y, tal vez (y digo tal vez), no sea capaz de experimentar con ningún otro lo genera en mi LBI.
Leer LBI es para mi tan emocionante como agonizante por lo que escribo arriba; igualmente….. ESTA MERECIENDO LA PENA 8además siempre puedo leer el libro más de una vez)